Mi viaje a Catamarca no fue para cubrir solo un evento de gran convocatoria. Vine a vivir, a sentir, a emocionarme con cada mirada, con cada canción, con cada gesto amable que Catamarca me regaló desde que puse un pie en su tierra. Esta no es mi primera vez aquí, pero sí una de las…

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CRÓNICA DE UNA EMOCIÓN LLAMADA FIESTA NACIONAL E INTERNACIONAL DEL PONCHO

Mi viaje a Catamarca no fue para cubrir solo un evento de gran convocatoria. Vine a vivir, a sentir, a emocionarme con cada mirada, con cada canción, con cada gesto amable que Catamarca me regaló desde que puse un pie en su tierra. Esta no es mi primera vez aquí, pero sí una de las más intensas. Como cada reencuentro con alguien amado, Catamarca vuelve a abrazarme con fuerza, con esa calidez norteña que no se compra ni se fabrica: se hereda y se transmite.

Fui la única periodista acreditada de Buenos Aires, representando a la OMPT y a @infoturismoargentina, para realizar la cobertura de prensa de esta fiesta, en medio de un espacio compartido por colegas locales que me recibieron muy bien, entre charlas, café y largas jornadas de trabajo. Pero más allá de lo profesional, formé parte de un grupo que solo se da en contextos donde la pasión por lo que uno hace es común denominador.

Cada una de las personas con las que interactúe dentro y fuera del evento, fueron parte de un viaje que superó lo laboral para convertirse en algo entrañable. En el medio de un festival, donde hay turismo, gastronomía, artesanías y espectáculos muy bien organizados, yo celebraba por dentro una certeza: que hay lugares a los que uno vuelve, no solo por su belleza, sino porque nos hacen sentir en casa. Dándole la razón a Mercedes Sosa, cuando dice en una canción que “uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida”…Catamarca es uno de ellos. Y en cada paso que di, me llevé un poquito más de su alma conmigo.

La Fiesta Nacional e Internacional del Poncho es cultura viva. Es un latido que se comparte en familia, entre visitantes que llegan por primera vez y quienes la esperan cada año como un ritual necesario del invierno argentino. 

EL PONCHO: ABRIGO DEL ALMA Y SÍMBOLO DE IDENTIDAD.

El Poncho es quien da nombre y sentido a esta celebración. El poncho no es solo una prenda, es una herencia tejida con historias y saberes transmitidos de generación en generación. Cada color, cada hebra y cada textura lleva consigo una parte de Catamarca.

Ponerse un poncho es, en cierta forma, vestirse con la historia de un pueblo, su trabajo y su orgullo. Y es desde ese lugar simbólico que esta Fiesta cobra su verdadero valor: no es solo un festival folclórico o turístico, sino una reivindicación de la cultura de los pueblos y sus raíces.

El poncho abriga pero también representa. Y en cada edición de esta fiesta, Catamarca lo enaltece, lo honra y nos lo comparte.

UNA FIESTA PARA VIVIR, RECORDAR Y VOLVER

La Fiesta Nacional e Internacional del Poncho se realiza cada año en el Predio Ferial de Catamarca, ubicado en la capital de la provincia. Con cada edición, este predio se supera en infraestructura, propuesta artística y convocatoria, colmando sus instalaciones de turistas y visitantes que llegan para compartir un festival único, de espíritu familiar, popular y amistoso.

Desde el año 2017 es “Marca País”, una distinción que lo posiciona a nivel nacional e internacional como emblema cultural, turístico y económico.

Durante diez días, del 18 al 27 de julio, “el Poncho”, como lo llaman en Catamarca a este evento, se convierte en el corazón palpitante de la provincia.

En el predio, se despliegan pabellones que desbordan identidad: el pabellón de espectáculos donde brilla el Escenario Mayor, el de artesanías y diseño, donde las manos de cientos de artesanos transforman la materia en piezas únicas, y el pabellón turístico, que invita a descubrir cada rincón de la provincia.

Mi viaje a Catamarca no fue para cubrir solo un evento de gran convocatoria. Vine a vivir, a sentir, a emocionarme con cada mirada, con cada canción, con cada gesto amable que Catamarca me regaló desde que puse un pie en su tierra. Esta no es mi primera vez aquí, pero sí una de las más intensas. Como cada reencuentro con alguien amado, Catamarca vuelve a abrazarme con fuerza, con esa calidez norteña que no se compra ni se fabrica: se hereda y se transmite.

Fui la única periodista acreditada de Buenos Aires, representando a la OMPT y a @infoturismoargentina, para realizar la cobertura de prensa de esta fiesta, en medio de un espacio compartido por colegas locales que me recibieron muy bien, entre charlas, café y largas jornadas de trabajo. Pero más allá de lo profesional, formé parte de un grupo que solo se da en contextos donde la pasión por lo que uno hace es común denominador.

Cada una de las personas con las que interactúe dentro y fuera del evento, fueron parte de un viaje que superó lo laboral para convertirse en algo entrañable. En el medio de un festival, donde hay turismo, gastronomía, artesanías y espectáculos muy bien organizados, yo celebraba por dentro una certeza: que hay lugares a los que uno vuelve, no solo por su belleza, sino porque nos hacen sentir en casa. Dándole la razón a Mercedes Sosa, cuando dice en una canción que “uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida”…Catamarca es uno de ellos. Y en cada paso que di, me llevé un poquito más de su alma conmigo.

La Fiesta Nacional e Internacional del Poncho es cultura viva. Es un latido que se comparte en familia, entre visitantes que llegan por primera vez y quienes la esperan cada año como un ritual necesario del invierno argentino. 

EL PONCHO: ABRIGO DEL ALMA Y SÍMBOLO DE IDENTIDAD.

El Poncho es quien da nombre y sentido a esta celebración. El poncho no es solo una prenda, es una herencia tejida con historias y saberes transmitidos de generación en generación. Cada color, cada hebra y cada textura lleva consigo una parte de Catamarca.

Ponerse un poncho es, en cierta forma, vestirse con la historia de un pueblo, su trabajo y su orgullo. Y es desde ese lugar simbólico que esta Fiesta cobra su verdadero valor: no es solo un festival folclórico o turístico, sino una reivindicación de la cultura de los pueblos y sus raíces.

El poncho abriga pero también representa. Y en cada edición de esta fiesta, Catamarca lo enaltece, lo honra y nos lo comparte.

Poncho ganador de la edición 2025

UNA FIESTA PARA VIVIR, RECORDAR Y VOLVER

La Fiesta Nacional e Internacional del Poncho se realiza cada año en el Predio Ferial de Catamarca, ubicado en la capital de la provincia. Con cada edición, este predio se supera en infraestructura, propuesta artística y convocatoria, colmando sus instalaciones de turistas y visitantes que llegan para compartir un festival único, de espíritu familiar, popular y amistoso.

Desde el año 2017 es “Marca País”, una distinción que lo posiciona a nivel nacional e internacional como emblema cultural, turístico y económico.

Durante diez días, del 18 al 27 de julio, “el Poncho”, como lo llaman en Catamarca a este evento, se convierte en el corazón palpitante de la provincia.

 En el predio, se despliegan pabellones que desbordan identidad: el pabellón de espectáculos donde brilla el Escenario Mayor, el de artesanías y diseño, donde las manos de cientos de artesanos transforman la materia en piezas únicas, y el pabellón turístico, que invita a descubrir cada rincón de la provincia.

Fotos aéreas del Predio Ferial Catamarca

Al aire libre, el Escenario “El Patio” ofrece espectáculos gratuitos con una propuesta diversa. A su alrededor, se extiende el sector de las provincias, el Paseo de los Inmigrantes, donde distintas colectividades muestran su música y gastronomía y el nuevo sector del Mercado Artesanal de 7.500 metros, compuesto por espacios para foodtrucks, cervecerías artesanales, juegos infantiles, puestos de plantas, productos regionales, peñas y un sin fin de propuestas que hacen que un solo dia no alcance para verlo todo. 

Esta Fiesta se vive con los cinco sentidos, y cada espacio es una invitación a quedarse un poco más.

Las noches de “El Poncho” fueron creciendo en emoción y en convocatoria, con el paso de los días.

El escenario Mayor se encendía como un corazón vibrante, cada vez que un artista subía a cantar o a bailar. Lo que sucedía arriba del escenario era potente, pero lo que pasaba detrás también lo era: las conferencias de prensa previas o después de cada show estaban cargadas de sentimiento, de palabras sinceras, ojos brillosos y muchas veces voces quebradas de la emoción. Varios artistas contaron que era la primera vez que pisaban la Fiesta del Poncho, y que no imaginaron ser recibidos con tanto afecto. Algunos agradecieron haber sido convocados a un festival tan importante, otros se declararon devotos de esta tierra. Y todos coincidieron en lo mismo: esta fiesta deja huella.

El cantante Abel Pintos destacó el crecimiento de su carrera recordando sus primeras presentaciones en este festival, se emocionó en el escenario y celebró que la Fiesta del Poncho también haya tenido un gran crecimiento.

Por su parte, Luciano Pereyra, afirmó que “cantar en la Fiesta del Poncho y sentir que el público responde con afecto y canta todas sus canciones es lo más cercano a tener el corazón completamente lleno”. 

La tercera noche del festival, coincidió con el día del amigo, y ese día el predio fue una verdadera fiesta. Más de 30.000 personas celebraron con música, abrazos y una felicidad colectiva que se da cuando el alma está contenta.

El cierre de la noche estuvo a cargo del cantante de cumbia “Ariel el traidor y los Pibes” quienes se mostraron sorprendidos por el cariño del público, destacaron el buen trato de la organización y agradecieron por ser su primera vez en el festival.

En las siguientes noches, la respuesta del público fue en aumento, llegando a superar las 40.000 personas en varias jornadas, al ritmo de la cumbia, el folclore, el reggae y el cuarteto, donde todos pudieron disfrutar de su artista favorito en un clima de respeto y alegría. También se vivieron noches cargadas de romanticismo, cuando varias parejas eligieron las noches de “El Poncho” para hacer propuestas de casamiento o declaraciones de amor.

Asimismo, en el escenario El Patio, se realizó el sorteo de una moto durante todos los días que duró el festival, emocionando y colmando de felicidad a cada ganador del premio.

Este 2025, La Fiesta del Poncho volvió a hacer historia. Más de 1.400.000 personas pasaron por el predio. En escena, más de 2900 artistas ofrecieron lo mejor de sí, en una grilla pensada para todos los gustos y edades. La venta de artesanías y productos regionales superó los 5.000 millones, un %25 más que en 2024. 

Pero más allá de las cifras, hubo momentos conmovedores y un reconocimiento especial que simboliza el alma misma de esta fiesta: el Premio Poncho Adquisición, otorgado a la obra que representa la esencia del arte textil catamarqueño.

Este año, el trofeo fue entregado al tejedor Jaime Iván Suárez, oriundo de Laguna Blanca, quien presentó un poncho realizado en fibra de vicuña con la técnica ancestral del “peinadillo” que se realiza de manera minuciosa, permitiendo lograr un tejido firme y resistente. Un trabajo que no solo representa belleza estética, sino también herencia, paciencia y respeto por las raíces.

También fueron premiadas piezas realizadas en otros materiales como piedra, madera, cuero, cerámica, fieltro, vidrio y hueso, dando cuenta de la riqueza cultural de toda la argentina, reunida en un solo lugar.

El cierre de esta fiesta estuvo a la altura de todo lo vivido. El último día del festival, el cantante cordobés Carlos “la Mona” Jimenez, leyenda viva del cuarteto, brindó un show inolvidable frente a una multitud en el Estadio Bicentenario de Catamarca, en una noche de fiesta, sin disturbios, con alegría pura en cada rincón.

Se realizó el sorteo de un auto entre todo el público presente y fue un cierre de oro que quedará grabado en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de estar allí.

Benditas sean las noches del poncho, bendita seas Virgen del Valle, patrona del Turismo en Argentina, que congregas familias y amigos, momentos felices y sabores varios, música que alegra el alma y ganas de que esta fiesta no se termine o se repita el próximo año, para poder decir una vez más: “Catamarca, allá voy”.

Por Debora Valeria Ruiz.

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